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¿Tu proveedor tecnológico te dice que “eso no está incluido”?

Cuando un proveedor tecnológico dice “eso no está incluido”, ¿sabés realmente qué se acordó? Un contrato tecnológico puede involucrar mucho más que el servicio y su precio: también define responsabilidades, riesgos y condiciones que pueden impactar directamente en tu empresa.

¿Tu proveedor tecnológico te dice que “eso no está incluido”?

Es una situación bastante habitual.

Surge un problema, necesitás una respuesta del proveedor y aparece una frase que parece cerrar la discusión:

“Eso no está incluido.”

Pero ¿realmente no está incluido?

La respuesta puede no ser tan evidente como parece.

Cuando una empresa contrata software, sistemas, servicios en la nube, soporte, conectividad o infraestructura, muchas veces la atención se concentra en lo más visible: cuánto cuesta, qué servicio se recibe y durante cuánto tiempo.

Sin embargo, detrás de ese acuerdo existe una relación tecnológica que puede tener un impacto mucho mayor sobre la operación de la empresa.

Y cuando aparece un problema, recién entonces surgen algunas preguntas:

¿Qué podíamos exigirle al proveedor?

¿Qué se había acordado realmente?

¿Qué responsabilidades asumió cada parte?

¿Y qué ocurre si lo que necesitamos no está contemplado de la manera que suponíamos?

Un contrato tecnológico es mucho más que un documento comercial

Un contrato establece condiciones, pero esas condiciones forman parte de una relación que puede afectar directamente el funcionamiento de una empresa.

Los niveles de servicio, los tiempos de respuesta ante incidentes, la seguridad de la información, la continuidad del servicio, el tratamiento de los datos o las condiciones para finalizar una relación con un proveedor pueden tener consecuencias concretas sobre el negocio.

Y hay un problema adicional: muchas de estas cuestiones pueden quedar poco visibles cuando todo funciona normalmente.

Mientras el proveedor responde, el sistema está disponible y la operación continúa, es fácil asumir que la relación está correctamente definida.

El verdadero desafío aparece cuando algo falla.

Es entonces cuando una empresa puede descubrir que una condición que consideraba obvia nunca estuvo claramente establecida, que una responsabilidad estaba interpretada de otra manera o que una dependencia tecnológica genera un riesgo que no había sido considerado.

No todos los riesgos están a simple vista

Una relación con un proveedor tecnológico puede involucrar mucho más que la prestación de un servicio.

Puede involucrar información de la empresa, procesos críticos, infraestructura, accesos, continuidad operativa y conocimiento que con el tiempo queda concentrado en un tercero.

Por eso, analizar únicamente si el contrato “dice lo que se esperaba” puede resultar insuficiente.

También es necesario comprender qué significa ese acuerdo para la empresa y para la forma en que utiliza y gestiona su tecnología.

Ahí aparecen dimensiones que muchas veces quedan relegadas:

Negocio, para entender si el acuerdo acompaña realmente las necesidades de la empresa.

Tecnología, para evaluar si las condiciones son coherentes con el servicio y la solución contratada.

Riesgo, para considerar qué situaciones pueden afectar la información, los servicios o la operación.

Gestión, para entender cómo queda estructurada la relación con el proveedor y qué condiciones existen para administrarla.

No se trata simplemente de buscar una cláusula determinada.

Se trata de comprender la relación tecnológica que existe detrás del contrato.

Cuando el proveedor se convierte en una parte crítica de la operación

Cuanto más depende una empresa de un proveedor tecnológico, mayor importancia adquiere la forma en que esa relación está definida.

Un sistema puede ser fundamental para trabajar.
Un servicio en la nube puede concentrar información crítica.
Un proveedor puede administrar infraestructura o accesos.
Un servicio de soporte puede ser determinante ante una interrupción.

En esos casos, una condición contractual aparentemente menor puede adquirir una importancia considerable cuando llega el momento de necesitarla.

Por eso, la gestión de proveedores tecnológicos también forma parte de la gestión de la tecnología de la empresa.

Y no debería abordarse únicamente cuando aparece un conflicto.

Una mirada tecnológica y de gestión

En TAI Dynamics analizamos los contratos y acuerdos con proveedores tecnológicos desde una perspectiva integral.

No buscamos solamente determinar qué dice un documento.

Buscamos comprender qué implica ese acuerdo para la empresa, qué riesgos puede generar, qué responsabilidades establece y cómo se relaciona con la tecnología que sostiene su operación.

Para este tipo de análisis pueden tomarse como referencia estándares y buenas prácticas internacionales vinculados con la gestión de proveedores, la seguridad de la información y la gestión de servicios tecnológicos, como ISO/IEC 27036, ISO/IEC 27001, ISO/IEC 20000 e ITIL.

Porque un contrato tecnológico no debería analizarse aislado de la realidad de la empresa.

Lo importante no es solamente saber qué contrataste.
Es entender qué significa ese acuerdo para tu negocio y qué podés exigir cuando realmente lo necesitás.

TAI Dynamics
Consultoría y gestión tecnológica para PyMEs

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